El 167 aniversario del natalicio de José Martí ha dejado entusiasmo, compromiso y admiración por el maestro de todas las generaciones, que aunque observaron la capacidad mercenaria de los que no aman ni construyen, lo aman más que nunca y aprecian sus valores.
Ante estas cosas que nos dejan ver con gran claridad que no todos estamos en la misma trinchera, nos viene a la mente que hace apenas dos meses estuvo entre nosotros el combatiente Rafael Lafarge Triay, un hombre sencillo que alcanzó la grandeza, al cumplir la misión de ser escolta de Fidel y que después de un largo intercambio con algunos trabajadores de nuestro CUM pidió tomarse una foto con el colectivo que lo recibió como un amigo. Pidió también una condición para la foto y fue que esta se hiciera junto al busto de José Martí, el hombre que simboliza el alma de Cuba, que representa sus luchas, sueños y esperanzas de justicia y dignidad para siempre y del cual Fidel hablaba con gran respeto y decía: “Martí también es Cuba, y a Cuba se respeta”.
Hoy el Centro Universitario Municipal termina un enero glorioso, donde se entrelaza el trabajo, la historia, con el quehacer diario de formar nuevas generaciones, donde no exista cabida a otro ideal que no sea martiano y fidelista.






