Al andar las calles de la ciudad de San Germán muchos lugares llaman la atención de los que lo visitan. Uno en particular transmite un mensaje de sensibilidad y amor y nadie puede ignorarlo y sentir en lo más profundo una sensación de vida. De esa vida que se multiplica, echa alas y sale con sus latidos a recorrer los tiempos que se suceden. Muy cerca del Centro Universitario Municipal está un parque, donde con su majestuosidad destaca una escultura hermosa, erigida a las madres.
Al visitar esta ciudad situada en el centro del oriente cubano no dejes de llegar hasta allí y conocer su historia. Corría el año 1957, y la efervescencia revolucionaria invadía al país, este pequeño pueblo de San Germán no se encontraba aislado y en el ir y venir de los jóvenes, las ideas renovadoras fueron contaminado a los pobladores para aportar al movimiento que ya se gestaba. Estatuas, obras de buen gusto y renovación de los parques fueron aflorando, para dejar huellas en la forja de una verdadera identidad, de un pueblo azucarero, formado en las fusiones de varias idiosincrasias.
El monumento a las madres, en la que una esbelta mujer con sus dos hijos simboliza la más profunda ternura, se edificó en aquel año con una colecta llevada a cabo por la logia masónica. Su constructor fue el escultor Caneyes, un hijo de este pueblo, que seleccionó a su hermana Reyna Caneyes para posar con sus hijos, en una eterna expresión de dulzura y pasión maternal. La madre sostiene un hijo entre sus brazos y con el mismo amor acaricia con su mirada al otro hijo, que tiene a su lado, es sin duda un elogio de respeto, que perdurará más allá de los tiempos como un hermoso legado de amor.



